La reciente tragedia ferroviaria en Adamuz ha servido como un catalizador para que la ultraderecha española, representada por Vox, intensifique su retórica de miedo y desconfianza hacia las instituciones públicas. Santiago Abascal, líder del partido, ha utilizado el accidente para promover la idea de que el Estado no es capaz de garantizar la seguridad de sus ciudadanos. Esta narrativa no es nueva; se ha convertido en una estrategia recurrente que busca erosionar la confianza en los servicios públicos y, por ende, en el propio Estado de bienestar.
La utilización del miedo como herramienta política no es exclusiva de Vox. Históricamente, la extrema derecha ha encontrado en situaciones de crisis la oportunidad perfecta para sembrar la desconfianza y presentar su discurso como la única solución viable. En este contexto, Carles Pont, experto en comunicación, señala que la clave está en simplificar el relato y jugar con las emociones de la ciudadanía. La idea de que «todo es un desorden» se convierte en un mantra que resuena en momentos de incertidumbre.
### La Desinformación como Estrategia
La desinformación juega un papel crucial en la estrategia de la ultraderecha. En situaciones de emergencia, las personas buscan respuestas rápidas y sencillas, lo que facilita la propagación de narrativas alarmistas. Guadalupe Talavera, consultora política, explica que el debate técnico pierde fuerza frente a la avalancha de desinformación que se genera en estos momentos. Vox ha sabido aprovechar esta dinámica, utilizando el caos y la confusión para presentar su visión distorsionada de la realidad.
La retórica de Vox no solo se limita a criticar la gestión del Gobierno, sino que también busca deslegitimar la capacidad del Estado para ofrecer servicios públicos de calidad. Abascal ha afirmado que «la corrupción mata», insinuando que la falta de transparencia y la mala gestión son responsables de los accidentes. Sin embargo, los datos demuestran lo contrario: la inversión en infraestructuras ferroviarias ha aumentado significativamente en los últimos años, lo que contradice la narrativa de la extrema derecha.
A pesar de la evidencia, la estrategia de Vox parece estar funcionando. La percepción de que «España no funciona» se ha arraigado en la opinión pública, alimentada por la constante repetición de mensajes alarmistas. Luis Arroyo, sociólogo y consultor de comunicación, destaca que el miedo y la inseguridad son motores que impulsan a las personas hacia posturas más conservadoras, lo que beneficia a partidos como Vox y el PP.
### La Respuesta de las Izquierdas
Ante esta situación, las fuerzas de izquierda se enfrentan a un desafío monumental. No basta con presentar datos y cifras que demuestren la efectividad de los servicios públicos; es necesario contextualizar y deslegitimar las narrativas de la extrema derecha. Guadalupe Talavera sugiere que las izquierdas deben señalar la intención detrás de las falsedades que se difunden, es decir, exponer cómo Vox busca socavar la confianza en las instituciones para promover un discurso autoritario.
Además, es fundamental humanizar los servicios públicos. Los trabajadores, ingenieros y sistemas de seguridad que operan en el sector ferroviario deben ser visibilizados para contrarrestar la imagen negativa que Vox intenta proyectar. La narrativa debe cambiar: no se trata solo de defender lo público, sino de contar la historia de cómo funciona y de quiénes son los que lo hacen posible.
La batalla por la percepción pública es crucial. En un contexto donde el miedo se ha convertido en una herramienta política, las izquierdas deben ser proactivas en la comunicación de sus logros y en la defensa de lo público. La inversión en infraestructura y la mejora de los servicios deben ser comunicadas de manera efectiva para que la ciudadanía pueda discernir entre la realidad y la desinformación.
En resumen, la tragedia de Adamuz ha puesto de manifiesto la estrategia de la ultraderecha para utilizar el miedo y la desconfianza como herramientas políticas. La respuesta de las izquierdas debe ser contundente y estratégica, enfocándose en deslegitimar las narrativas de la extrema derecha y en humanizar los servicios públicos. Solo así se podrá contrarrestar el avance de un discurso que busca desestabilizar el Estado de bienestar y erosionar la confianza en las instituciones.
