Antoni Brufau, presidente de Repsol, ha advertido que Europa está perdiendo soberanía industrial al priorizar acuerdos con China en lugar de fortalecer su alianza energética con Estados Unidos. Su mensaje, lanzado en las Jornadas del Círculo de Economía, subraya un desfase entre ambición climática y realidad productiva. Europa representa solo el 6% de las emisiones globales, mientras China generó el 30% en 2024 y sigue expandiendo su uso de carbón. Esa brecha no se compensa con discursos sobre energía verde.
¿Por qué Brufau rechaza el acercamiento energético a China?
Brufau denuncia una paradoja estructural: Europa impone regulaciones rigurosas a sus industrias, mientras traslada fábricas a China. Allí, esas mismas empresas producen bienes etiquetados como «verdes» para el mercado europeo, pero con energía fósil. El resultado es una deslocalización encubierta que erosiona la base industrial local y aumenta la dependencia estratégica.
El consumo de carbón en China creció un 250% en la última década, según datos citados por Brufau. A la vez, Europa ha reducido su producción energética interna sin garantizar alternativas competitivas. Esa asimetría convierte al bloque en un consumidor pasivo, no en un actor soberano.
¿Qué propone Repsol para recuperar competitividad industrial?
Brufau y Francisco Reynés (Naturgy) coinciden en exigir una política energética europea real, no solo regulación fragmentada. Abogan por flexibilizar temporalmente las restricciones a las energías fósiles mientras se escala la producción de energía limpia a escala industrial. La prioridad no es abandonar la transición, sino evitar que sea sinónimo de desindustrialización.
Repsol propone alinear la estrategia con el modelo estadounidense: crecimiento económico sostenido junto con reducción de emisiones. EE.UU. ha logrado bajar sus emisiones un 17% desde 2005, mientras su PIB creció un 40%. Europa, en cambio, ha visto estancamiento industrial y aumento de costes energéticos para las empresas.
¿Qué papel juega el marco legal europeo en esta crisis?
La Directiva de Energías Renovables (RED III) y el Mecanismo de Ajuste en Frontera (CBAM), aunque bien intencionados, carecen de mecanismos de compensación para industrias intensivas. No contemplan plazos realistas ni apoyo financiero para la reconversión. El Reglamento de Gases de Efecto Invernadero (EU ETS) ha elevado los costes operativos sin garantizar inversión equivalente en infraestructura de transición.
Además, la Ley de Resiliencia Energética de la UE no obliga a los Estados miembros a desarrollar planes nacionales vinculantes de seguridad de suministro. Esto permite que países como España actúen como puente con China sin coordinación estratégica europea.
¿Qué implica la alianza atlántica para la energía europea?
Una alianza atlántica reforzada no significa dependencia de hidrocarburos estadounidenses. Significa adoptar su enfoque pragmático: inversión masiva en hidrógeno verde, almacenamiento a gran escala, y regulación adaptativa que premie la reducción real de emisiones, no solo el cumplimiento formal.
Estados Unidos ha movilizado 369.000 millones de dólares en incentivos verdes bajo la Inflation Reduction Act (IRA). Europa, con el Green Deal Industrial Plan, destina menos de la mitad. La brecha no es tecnológica, sino de velocidad y escala.
¿Cuál es el impacto económico real de la desindustrialización energética?
- La industria europea ha perdido el 12% de su empleo manufacturero desde 2010.
- Los costes energéticos industriales en la UE son un 45% superiores a los de EE.UU.
- El déficit comercial energético de la UE superó los 380.000 millones de euros en 2025.
- El 68% de las pymes industriales europeas considera la regulación energética como su principal barrera de crecimiento.
Datos Clave
- China generó el 30% de las emisiones globales de CO₂ en 2024, frente al 6% de la UE.
- El consumo de carbón en China aumentó un 250% desde 2015.
- Europa ha trasladado más del 40% de su producción química y acerera a Asia desde 2010.
- La Inflation Reduction Act (EE.UU.) moviliza 369.000 millones de dólares; el Green Deal Industrial Plan (UE), menos de 170.000 millones.
- El coste energético industrial en la UE es un 45% más alto que en Estados Unidos.
El debate ya no es si Europa debe transicionar, sino cómo hacerlo sin sacrificar su base productiva. Brufau no cuestiona los objetivos climáticos: cuestiona la estrategia que los convierte en una fuente de vulnerabilidad. La soberanía energética exige políticas coherentes, no solo normas técnicas. Y exige alianzas con actores que comparten valores y realidades económicas, no con quienes las desafían sistemáticamente.
