En un evento que ha captado la atención internacional, miles de personas se congregaron en Belém, Brasil, para participar en la Marcha Global por la Justicia Climática. Esta movilización, que tuvo lugar el 15 de noviembre de 2025, se llevó a cabo en el contexto de la trigésima Conferencia de las Partes (COP30), donde se discuten temas cruciales relacionados con el cambio climático. Los manifestantes exigieron que las negociaciones climáticas se centren en el financiamiento para la adaptación, la transición justa y la eliminación inmediata de la dependencia de los combustibles fósiles, especialmente en la región amazónica.
La Marcha Global por la Justicia Climática se convirtió en un símbolo de la resistencia de la sociedad civil frente a lo que muchos consideran «falsas soluciones» que dominan la agenda oficial de la COP30. Con una participación estimada de casi 30,000 personas, los asistentes caminaron durante cerca de cinco kilómetros hasta llegar a las puertas del recinto donde se llevan a cabo las negociaciones climáticas. Este evento no solo reunió a activistas ambientales, sino también a pueblos originarios y organizaciones no gubernamentales (ONG) de todo el mundo, quienes se unieron en un llamado a la acción y a la justicia climática.
### Demandas de la Sociedad Civil
Las demandas de los manifestantes fueron claras y contundentes. En primer lugar, exigieron que las negociaciones climáticas se enfoquen en el financiamiento para la adaptación al cambio climático. Esto implica que los países más desarrollados deben asumir su responsabilidad en la crisis climática y proporcionar recursos financieros a las naciones en desarrollo, que son las más afectadas por los efectos del cambio climático. La transición justa también fue un tema central en las demandas, ya que los manifestantes abogaron por un cambio hacia fuentes de energía sostenibles que no solo sean efectivas en la lucha contra el cambio climático, sino que también respeten los derechos de las comunidades locales y generen empleos dignos.
Otro punto crucial en la agenda de los manifestantes fue la eliminación total e inmediata de la dependencia de los combustibles fósiles. La Amazonía, considerada el pulmón del planeta, se encuentra en una situación crítica debido a la deforestación y la explotación de recursos naturales. Los manifestantes argumentaron que la protección de esta región es esencial no solo para la biodiversidad, sino también para la salud del planeta en su conjunto.
Además, los participantes de la marcha expresaron su rechazo a las llamadas «falsas soluciones» que, según ellos, son utilizadas por las naciones industrializadas y las grandes corporaciones para eludir su responsabilidad en la crisis climática. Estrategias como los mercados de carbono y la bioeconomía sin control de las comunidades fueron criticadas por ser ineficaces y por no abordar las causas fundamentales del cambio climático. En lugar de soluciones superficiales, los manifestantes pidieron un enfoque más profundo que reconozca y respete el saber ancestral indígena en la mitigación de las emisiones de gases de efecto invernadero.
### La Cumbre de los Pueblos: Un Espacio de Diálogo Alternativo
La Marcha Global por la Justicia Climática se enmarca dentro de la Cumbre de los Pueblos, un evento paralelo a las cumbres climáticas oficiales que busca dar voz a la sociedad civil. Este espacio se ha convertido en un punto de encuentro para activistas, académicos y representantes de comunidades afectadas por el cambio climático. La Cumbre de los Pueblos se ha consolidado como un foro donde se discuten alternativas reales y sostenibles para enfrentar la crisis climática, en contraposición a las negociaciones oficiales que a menudo son criticadas por su falta de efectividad.
Durante la Cumbre de los Pueblos, se llevaron a cabo diversas actividades, talleres y paneles de discusión que abordaron temas como la justicia climática, la soberanía alimentaria y la defensa de los derechos humanos. Los participantes compartieron experiencias y estrategias para enfrentar los desafíos que plantea el cambio climático en sus comunidades, así como para construir un movimiento global más fuerte y cohesionado.
El comité organizador de la Cumbre de los Pueblos también se comprometió a entregar una carta al presidente de la COP30, André Corrêa do Lago, con una síntesis de las reivindicaciones de los manifestantes. Esta carta incluye demandas específicas, como el reconocimiento del saber ancestral indígena en las cuestiones climáticas y la necesidad de implementar políticas que realmente aborden la crisis climática de manera efectiva.
La movilización en Belém es un recordatorio de que la lucha por la justicia climática no se limita a las negociaciones en las cumbres oficiales. La participación activa de la sociedad civil es fundamental para presionar a los gobiernos y a las corporaciones a adoptar medidas significativas y efectivas en la lucha contra el cambio climático. A medida que el mundo enfrenta una crisis climática sin precedentes, la voz de los pueblos y las comunidades afectadas se vuelve cada vez más crucial en la búsqueda de soluciones sostenibles y justas.
Las protestas en Brasil son un claro ejemplo de cómo la ciudadanía puede organizarse y alzar su voz en defensa del planeta. La Marcha Global por la Justicia Climática en Belém no solo fue una manifestación de descontento, sino también una celebración de la resistencia y la solidaridad entre comunidades que luchan por un futuro más justo y sostenible. A medida que las negociaciones de la COP30 continúan, la presión de la sociedad civil seguirá siendo un factor determinante en la búsqueda de soluciones efectivas para la crisis climática que enfrenta el mundo.
