La aduana de Melilla con Marruecos, anunciada como un paso hacia la normalización de las relaciones comerciales entre ambos países, sigue sin operar once meses después de su prometida reapertura. Esta situación ha generado un gran descontento entre los empresarios locales, quienes han expresado su frustración ante la falta de transacciones significativas y las condiciones restrictivas que limitan el comercio. La Confederación de Empresarios de Melilla (CEME-CEOE) ha sido clara al señalar que, desde el anuncio de la reapertura el 15 de enero de 2025, no se ha realizado ninguna expedición comercial relevante. El presidente de la CEME, Enrique Alcoba, ha subrayado que el problema no radica en la falta de interés empresarial, sino en las restricciones impuestas que han limitado el tránsito de mercancías a unos pocos sectores, como el de los electrodomésticos.
La situación se complica aún más a medida que se acerca la XIII Reunión de Alto Nivel (RAN) entre España y Marruecos, programada para el 4 de diciembre en Madrid. Este encuentro se perfila como una oportunidad crucial para abordar la cuestión fronteriza, que ha sido un punto de tensión en las relaciones bilaterales. Alcoba ha criticado el modelo de aduana aplicado, argumentando que no se asemeja a ninguna aduana comercial en Europa o en el mundo, lo que ha llevado a una paralización de la actividad comercial en la región.
Por su parte, el Gobierno melillense, encabezado por el Partido Popular (PP), ha mantenido una postura crítica respecto a la reapertura de la aduana. El vicepresidente primero, Miguel Marín, ha calificado el proceso como «una tomadura de pelo», señalando que la entrada ocasional de mercancías es insuficiente para restablecer la actividad comercial anterior al cierre unilateral impuesto por Marruecos en agosto de 2018. Marín ha enfatizado que la ciudad aún está lejos de recuperar la normalidad en el comercio, y ha cuestionado la estrategia del Gobierno central en su relación con Marruecos, sugiriendo que se está permitiendo un intercambio desigual.
En contraste, la Delegación del Gobierno en Melilla ha defendido que el sector empresarial está utilizando el puesto aduanero y que la frontera se encuentra en un proceso de normalización. En abril, la delegada Sabrina Moh afirmó que las gestiones en la aduana eran similares a las de cualquier otro punto del territorio español. Sin embargo, esta afirmación ha sido desmentida por la realidad del comercio en la región, donde las cifras de transacciones siguen siendo alarmantemente bajas.
El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, también ha intentado presentar un panorama optimista, afirmando que durante los primeros meses del año se habían cruzado 3.5 toneladas de mercancías por las aduanas de Ceuta y Melilla. Sin embargo, estas cifras son insuficientes para satisfacer las necesidades del comercio local y no reflejan la realidad del estancamiento que enfrenta la aduana de Melilla.
Con las posiciones enfrentadas entre el Gobierno central y el autonómico, y el empresariado alertando sobre el estancamiento, la próxima reunión de alto nivel entre España y Marruecos se perfila como un evento clave para el futuro de la aduana. La falta de avances significativos en la reapertura de la aduana de Melilla plantea serias dudas sobre la efectividad de las negociaciones y la voluntad de ambas partes para resolver las tensiones comerciales.
En este contexto, es fundamental que se establezcan garantías jurídicas que permitan a los empresarios operar con confianza y seguridad. La falta de un marco legal claro ha sido uno de los principales obstáculos para la reactivación del comercio en la región. Sin estas garantías, es poco probable que se logre un flujo comercial significativo, lo que a su vez afectará la economía local y la relación bilateral entre España y Marruecos.
La situación actual de la aduana de Melilla es un reflejo de las complejas dinámicas políticas y económicas que caracterizan las relaciones entre España y Marruecos. A medida que ambos países se preparan para la reunión de alto nivel, será crucial que se aborden las preocupaciones de los empresarios y se busquen soluciones efectivas que permitan la reactivación del comercio en la región. La reapertura de la aduana no solo es un tema de interés económico, sino que también tiene implicaciones sociales y políticas que deben ser consideradas en el marco de las relaciones bilaterales.
