La comarca de Omaña, situada en el norte de León, se ha convertido en un símbolo de resistencia ante la adversidad. Conocida como la Reserva de la Biosfera, esta región ha visto cómo sus habitantes, en su mayoría ganaderos y agricultores, se han enfrentado a incendios devastadores que han puesto en peligro su forma de vida y su entorno. En medio de la tragedia, la comunidad se ha unido para combatir el fuego con sus propias manos, demostrando un profundo amor por la tierra que habitan.
La historia de Omaña es la historia de sus gentes, quienes han vivido en armonía con la naturaleza durante generaciones. La tradición local sostiene que el nombre de la comarca proviene del latín «homus manium», que significa «hombres dioses», un apodo que refleja la fortaleza y la tenacidad de sus habitantes. Sin embargo, en los últimos días, esa fortaleza ha sido puesta a prueba de manera extrema.
**La Lucha de los Vecinos**
Los incendios que han asolado la región no han sido combatidos únicamente por los servicios de emergencia, sino que han sido los propios vecinos quienes han tomado la iniciativa. Mari Carmen Mallo, alcaldesa de Murias de Paredes, destaca que desde el primer momento, la comunidad se organizó para hacer frente al fuego. «Aquí, la tierra la conocemos palmo a palmo», afirma, subrayando la conexión íntima que los habitantes tienen con su entorno.
El dolor por la pérdida de tierras y ganado es palpable en cada hogar. Aida, una ganadera local y fundadora de «Tu Ternera en Casa», expresa su angustia: «Ver cómo el monte y el ganado se convierten en ceniza es como perder a alguien de tu familia». Esta conexión emocional con la tierra es lo que impulsa a los vecinos a seguir luchando, a pesar del agotamiento físico y emocional que enfrentan.
La falta de recursos en los primeros momentos del incendio ha sido un obstáculo significativo. Mari Carmen menciona que, aunque los servicios de extinción han trabajado arduamente, no han sido suficientes para contener el fuego en sus inicios. «Han faltado medios, y lo más duro es que los que viven aquí han tenido que arriesgar su vida», lamenta. Esta situación ha llevado a que algunos vecinos resulten heridos, como el caso de un hombre de Montrondo que tuvo que ser hospitalizado tras sufrir una lesión ocular por una chispa.
**El Valor de la Comunidad**
La lucha contra el fuego en Omaña no se mide solo en hectáreas, sino en la memoria y la historia que se está perdiendo. Cada rincón de la comarca tiene un significado especial para sus habitantes, quienes han crecido y aprendido el valor de la comunidad en esos paisajes. Mari Carmen observa cómo la desesperación se apodera de las personas: «Ves llorar a la gente, hombres y mujeres que hoy se sienten desprotegidos. Aun así, salen a apagar el fuego. Esa es la grandeza del campo: resistir incluso cuando ya no quedan fuerzas».
Aida también enfatiza la importancia de la conexión con la tierra: «No es solo un lugar donde trabajamos; es nuestra historia, nuestra vida. Perderlo sería perder parte de nosotros mismos». Esta lucha colectiva es un testimonio del espíritu indomable de los habitantes de Omaña, quienes se niegan a rendirse ante la adversidad.
Ambas mujeres coinciden en que la solución a esta crisis pasa por escuchar y atender las necesidades del medio rural. «No queremos compasión, queremos que nos tengan en cuenta», pide Aida, resaltando que el conocimiento y el amor por la tierra que poseen no pueden ser reemplazados por ninguna máquina o tecnología. La normativa forestal, que prohíbe el uso ganadero de terrenos quemados durante cinco años sin compensación, añade una carga adicional a su sufrimiento. Aida explica que esta ley, destinada a prevenir negligencias, en realidad los condena a una situación insostenible.
La Consejería de Agricultura tiene la capacidad de levantar esta suspensión, pero en la práctica, las excepciones son difíciles de obtener. Además, la coordinación de las ayudas ha sido insuficiente, lo que ha llevado a brigadas externas a perderse en el monte, sin el conocimiento local necesario para combatir el fuego de manera efectiva. «Si no cuentan con quienes conocemos cada valle y cada senda, están condenando el futuro de la comarca», denuncia Mari Carmen.
El fuego en Omaña aún no ha cesado, pero en medio de la devastación, surge una certeza: la resistencia no es un esfuerzo individual, sino colectivo. Los vecinos, con el corazón y las manos, defienden una tierra que no es solo paisaje, sino historia, familia y vida. La lucha de Omaña es un recordatorio de que, a pesar de las adversidades, la comunidad puede unirse y encontrar la fuerza para resistir y reconstruir.