La brecha de género en pensiones en España se ha reducido 10 puntos porcentuales en una sola generación. Pero el 30,5% de las pensiones femeninas aún depende del complemento a mínimos, el doble que en hombres. Esta mejora refleja cambios reales en el mercado laboral, pero no elimina las desigualdades estructurales heredadas.
¿Por qué la brecha de género en pensiones sigue siendo tan alta?
La diferencia salarial y laboral se traslada directamente al sistema de pensiones. Las mujeres cobran de media 499 euros menos al mes que los hombres en pensiones contributivas. Eso equivale a una brecha del 30,7%. En las nuevas altas de enero de 2026, la brecha cae al 20,7%: 1.609 euros para hombres frente a 1.276 para mujeres.
Esta mejora no es casual. Es el resultado de una generación que accedió masivamente al empleo formal desde los años ochenta. Sus carreras de cotización son más largas, estables y mejor remuneradas que las de sus madres.
¿Qué medidas han acelerado la reducción de la brecha?
El diálogo social ha impulsado reformas clave. El complemento para la reducción de la brecha de género, el reconocimiento de periodos de cotización por cuidados y la reforma de los coeficientes reductores en jubilaciones anticipadas han fortalecido las bases de cotización femeninas.
Estas medidas no solo corrigen desequilibrios pasados. También reconocen el valor del trabajo no remunerado y protegen las trayectorias laborales interrumpidas.
¿Cómo afecta la temporalidad y la interrupción laboral?
Las mujeres siguen sufriendo mayor temporalidad, jornadas parciales forzadas y abandonos laborales por responsabilidades de cuidado. Estas interrupciones reducen las bases de cotización y, por tanto, la pensión final. Aunque el sistema ahora valora algunos periodos de cuidado, su cobertura sigue siendo parcial y no automática.
¿Qué papel juega el marco legal actual?
La Ley de Reforma de Pensiones de 2023 introdujo mecanismos de corrección de género. Pero su aplicación depende de la inscripción voluntaria y de la documentación exigida. Muchas mujeres no acceden a estos beneficios por desconocimiento o barreras administrativas.
¿Cuál es el impacto económico real de esta brecha?
El déficit de ingresos en la vejez tiene consecuencias directas: mayor riesgo de pobreza y dependencia del complemento a mínimos, que en 2026 cubre al 30,5% de las pensiones femeninas. Esto presiona las cuentas del sistema y reduce la autonomía económica de las mujeres mayores.
Además, la brecha genera una pérdida estimada de 12.000 millones de euros anuales en potencial contributivo, según cálculos del Observatorio Social de Personas Mayores 2026.
Datos Clave
- Las mujeres cobran 499 euros menos al mes que los hombres en pensiones contributivas.
- La brecha se redujo de 30,7% a 20,7% en una sola generación (2025–2026).
- El 30,5% de las pensiones femeninas depende del complemento a mínimos.
- El reconocimiento de cotización por cuidados sigue siendo parcial y no automático.
- La temporalidad y las jornadas parciales afectan al 62% de las mujeres trabajadoras, según el INE 2025.
¿Qué desafíos persisten en el sistema de pensiones?
Aunque las nuevas altas muestran avances, la brecha no desaparece por sí sola. Las mujeres mayores siguen soportando el peso de décadas de desigualdad laboral. Además, el sistema no compensa suficientemente los efectos acumulados de la segregación ocupacional, la brecha salarial y la falta de corresponsabilidad en los cuidados.
La sostenibilidad del sistema depende también de cerrar esta brecha. Sin políticas activas de igualdad real —no solo formal—, la reducción actual podría estancarse. La próxima reforma de pensiones debe integrar indicadores de género obligatorios y mecanismos de corrección automática.
