Una crema innovadora desarrollada por investigadores de la Universidad de Sevilla y la Universidad Loyola mejora la salud cardiovascular, fortalece la microbiota intestinal y frena el envejecimiento celular. Financiada por la Junta de Andalucía, la formulación evita aditivos sintéticos y aprovecha ingredientes vegetales de alta biodisponibilidad. Su base tecnológica resuelve un desafío clave en nutrición: estabilizar compuestos liposolubles, como los ácidos grasos omega 3, en matrices acuosas sin pérdida de eficacia.
¿Cómo funciona la crema funcional andaluza?
La crema es un emulgel: una estructura viscoelástica que combina las propiedades de una emulsión (gotas de aceite dispersas en agua) con una red gelificada. Esto permite retener el aceite de chía, rico en ALA (ácido alfa-linolénico), y protegerlo de la oxidación. La matriz se estabiliza con proteínas de espirulina azul, que actúan como emulsificantes naturales y aportan péptidos antioxidantes.
Ingredientes clave y sinergias comprobadas
- El aceite de chía aporta omega 3 de origen vegetal, asociado a reducción de triglicéridos y presión arterial.
- La harina de sorgo aporta fibra soluble y polifenoles, moduladores de la microbiota intestinal.
- La espirulina no solo estabiliza la emulsión, sino que refuerza la acción antienvejecimiento mediante su contenido en ficocianina.
- Se evita el uso de emulsificantes sintéticos como el polisorbato 80, alineándose con la demanda de consumidores por alimentos limpios.
¿Qué avances tecnológicos incorpora?
El equipo superó la incompatibilidad natural entre agua y aceite mediante una estrategia de ingeniería interfacial: diseñaron una capa protectora alrededor de cada gota de aceite usando proteínas algales. Esto mejora la estabilidad física durante el almacenamiento y la biodisponibilidad oral, clave para que los omega 3 lleguen intactos al intestino.
Aplicaciones más allá del consumo directo
- Puede servir como vehículo para nutracéuticos liposolubles: vitamina D, coenzima Q10 o curcumina.
- Su textura permite su integración en productos lácteos alternativos, batidos vegetales o postres funcionales.
- Es compatible con procesos de fermentación, abriendo vías para combinaciones con probióticos sin afectar su viabilidad.
¿Cuál es su impacto económico y regulatorio actual?
El mercado español de alimentos funcionales creció un 12,4 % en 2025, según el Observatorio de Alimentación Saludable. Andalucía lidera la I+D en ingredientes vegetales con financiación pública del 70 % del proyecto. Desde el punto de vista regulatorio, la crema se alinea con el Reglamento (CE) 1924/2006 sobre declaraciones nutricionales y de salud: sus efectos cardiovasculares y antioxidantes están respaldados por ensayos in vitro y estudios en modelos celulares, aunque aún requiere ensayos clínicos para autorizar etiquetado saludable en la UE.
¿Qué desafíos quedan antes de su comercialización?
La formulación está validada en laboratorio, pero falta escalar su producción. Los retos incluyen mantener la estabilidad durante 12 meses sin refrigeración y garantizar la viabilidad de cepas probióticas si se incorporan. Además, se requiere una evaluación toxicológica completa para su clasificación como ingrediente novel bajo el Reglamento (UE) 2015/2283.
Datos Clave
- Desarrollada por la Universidad de Sevilla y la Universidad Loyola, con financiación de la Junta de Andalucía.
- Publicada en la revista científica Future Foods bajo el título ‘Bio-engineered plant-based emulgels for chia oil’.
- Combina aceite de chía, harina de sorgo y proteínas de espirulina sin aditivos sintéticos.
- Resuelve la inestabilidad de compuestos liposolubles mediante tecnología de emulgels.
- Potencial aplicable a nutracéuticos, alimentos funcionales y productos lácteos alternativos.
- Aún en fase preclínica: requiere ensayos humanos y escalamiento industrial para su lanzamiento comercial.
