El Gobierno español integra la perspectiva de género en la formación de médicos internos residentes (MIR) tras la publicación del Libro blanco Salud y Género II. Este documento evidencia brechas clínicas, diagnósticas y terapéuticas entre mujeres y hombres en patologías como infarto agudo de miocardio, ictus, migraña, esclerosis múltiple y alzhéimer. La ministra de Sanidad, Mónica García, subraya que la equidad no es un añadido: es una condición para la calidad asistencial.
¿Por qué la perspectiva de género es crítica en la formación médica?
Los sesgos de género operan desde la etapa formativa. Estudios citados en el libro blanco revelan que el 72 % de los ensayos clínicos anteriores a 2020 excluían sistemáticamente a mujeres en fases tempranas. Eso generó protocolos diagnósticos basados en fisiología masculina. Por ejemplo, el infarto agudo de miocardio en mujeres se manifiesta con fatiga extrema, náuseas o dolor cervical —no con el clásico dolor en el brazo izquierdo—. Esa diferencia retrasa el diagnóstico hasta un 37 % más que en hombres.
El impacto económico de ignorar el género
Las desigualdades generan costes evitables. Un informe de la OCDE estima que la falta de atención diferenciada por género eleva un 12 % los gastos hospitalarios por reingresos evitables. En España, eso representa más de 420 millones de euros anuales en atención secundaria. Además, el absentismo laboral por enfermedades mal diagnosticadas en mujeres supera los 18 millones de jornadas perdidas al año.
¿Qué implica integrar género en los MIR?
La reforma afecta tres ejes: currículo, evaluación y práctica supervisada. A partir de 2027, todos los programas de formación MIR incluirán módulos obligatorios sobre diferencias biológicas, determinantes sociales de género y sesgos implícitos en la toma de decisiones clínicas. La evaluación final incorporará casos prácticos con perfiles femeninos atípicos —como una paciente de 58 años con cefalea crónica y depresión resistente, donde el diagnóstico diferencial debe incluir menopausia precoz o deficiencia de vitamina D.
Marco legal y normativo
La iniciativa se alinea con la Ley Orgánica 3/2007 para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, y con el Real Decreto 1140/2022 sobre competencias transversales en formación sanitaria especializada. También refuerza el compromiso de España con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS 3 y 5), especialmente en salud universal y equidad de género.
¿Cómo afecta esto a la atención primaria y especializada?
La perspectiva de género no es solo para hospitales. En atención primaria, el 68 % de las consultas las realizan mujeres, pero el 41 % de los protocolos de cribado —como el de cáncer de mama o osteoporosis— carecen de ajustes por edad reproductiva, menopausia o uso de anticonceptivos hormonales. En especialidades como cardiología o neurología, menos del 25 % de los manuales clínicos actualizados incluyen algoritmos diferenciados por sexo.
Datos Clave
- El 57 % de los profesionales sanitarios reconoce haber aplicado un diagnóstico distinto según el género del paciente, sin justificación clínica.
- Las mujeres esperan un 22 % más tiempo que los hombres para recibir un diagnóstico de esclerosis múltiple.
- El 83 % de los MIR en formación no recibió formación específica sobre salud de la mujer durante sus estudios de Medicina.
- El Libro blanco Salud y Género II fue elaborado por 62 expertos de 14 especialidades y 9 comunidades autónomas.
- La primera evaluación del impacto de la reforma se realizará en 2028, con indicadores de equidad en tiempos de diagnóstico, tasa de reingresos y satisfacción percibida por pacientes.
¿Qué avances reales se esperan en los próximos 5 años?
La integración de género en los MIR no es una medida aislada. Se articula con la actualización de la Cartera Común de Servicios del Sistema Nacional de Salud, la digitalización de historias clínicas con campos obligatorios de identidad de género y ciclo vital, y la creación de unidades de salud de la mujer en 100 hospitales públicos. El objetivo es que, para 2030, el 100 % de los protocolos clínicos nacionales incluyan análisis de impacto por género. Esto no solo mejora la atención: reduce errores médicos, optimiza recursos y refuerza la confianza institucional, especialmente entre mujeres jóvenes y mayores de 65 años.
