• Today is: Miércoles, octubre 16, 2019

  dentistas en torremolinos

Secretos y mentiras: A propósito de la crisis en el PSOE

pedro
Jose Manuel Bielsa
septiembre29/ 2016

Más allá de interrogarse sobre el verdadero motor de lo sucedido ayer, parece indiscutible que la división que hoy manifiestan los socialistas es de profundas raíces

Se hacen aquí y allá interpretaciones del modo de actuar de uno y otro sector del PSOE atendiendo a los objetivos que respectivamente se les atribuyen. En el ejercicio de una ética de tipo finalista, se da por bueno o malo lo que hagan unos u otros dependiendo de que se compartan sus pretensiones y/o sus objetivos. En consecuencia, se hace también un juicio de intenciones.

Dejémonos de monsergas: La cuestión es saber si la normativa en vigor, en este caso los estatutos del PSOE, asisten o no a los críticos. Si la respuesta es que sí, habrá que admitir que están legitimados para hacer lo que han hecho, sean cuales sean sus hipotéticas intenciones. Tanto si responden a una mano negra, incluso en ese remoto caso, como si no.

Es cierto que una crisis del principal partido de la oposición precisamente ahora, a quien beneficia sobre todo es a su principal contrincante, que se frota las manos, y al establishment inmovilista. Sobre esta idea se ha desarrollado toda una línea crítica que acierta. En el otro extremo, se responde exactamente con el mismo acierto, con el argumento de que los últimos resultados electorales del PSOE y el modo en que su cúpula ha gestionado las cosas justifica las medidas desesperadas que ayer se pusieron en marcha. Más allá de interrogarse sobre el verdadero motor de lo sucedido, lo que parece indiscutible es que la división que hoy manifiesta abiertamente en su seno el PSOE no viene de ayer.

Y sí, ya sé que no invento la pólvora, pero alguien en alguna parte (quizá todos en todas partes) deberíamos hacer una reflexión seria y profunda en torno al modo en que funcionan los partidos políticos en España; admitir que no son sino un reflejo de la sociedad en que están enclavados, la nuestra, y hacer la autocrítica que corresponda, en vez de convertir a los políticos en chivos expiatorios y echar balones fuera como si no se tuviera nunca la culpa de nada.

Con sus sistemas de listas cerradas y bloqueadas, las formaciones políticas de este país promueven el seguidismo entre los afiliados con aspiraciones y tienden a premiar al que no se mueve y, en consecuencia, sale en la foto. Los grandes partidos en España, y quizá otros no tan grandes, están concebidos como comunidades de intereses en las que a menudo no sube el más eficiente, el más abnegado, el que más se sacrifica, sino el que mejor recita el argumentario oficial (por inane que resulte), o el que más alto y mejor aplaude a su superior o superiores.

No cabe duda de que Pedro Sánchez tiene mucha parte de la culpa de la situación en que se encuentra el PSOE pero, al fin y al cabo, quienes le han puesto donde está son los militantes que, en consecuencia, al limitarse a seguir las directrices recibidas por su superioridad de modo acrítico, son corresponsables.

Admitamos que la caída en brazos del liberalismo de la socialdemocracia europea en general ha descolocado a estos partidos que, en un enésimo capítulo de eso que se llama la “crisis de la izquierda”, han perdido pie entre sus electorados en toda Europa y que, tras la caída del muro de Berlín, botón de muestra del triunfo en la práctica del “pensamiento único”, hace ya la friolera de 27 años, no han sido capaces de actualizar sus argumentarios y andan buscándose a sí mismos, a lo que parece, con escaso éxito.

Ya el filósofo Gustavo Bueno planteaba en plena primera transición la “impertinencia” de que en el caso del PSOE, sus políticas eran en ocasiones difíciles de diferenciar de las del PP, especialmente en materia económica pura y dura. Mal que bien, esta dificultad para discriminar una cosa de la otra ha tenido efecto, pasadas las décadas, sobre una parte notable del electorado tradicionalmente socialista que, visto como sus posiciones políticas se atemperaban y empujado por las urgencias de vitales de la crisis, se vio progresivamente más cerca de otras opciones que ofrece la izquierda más a la izquierda.

La cuestión es que se diría que existe la posibilidad de que, mientras que la derecha está comodísima con el sistema de libertades que nos dimos tras el 78, no en vano la Transición es una especie de mutación controlada del Franquismo una vez alcanzada su etapa culminante, la izquierda, o al menos una parte sustancial de la misma, no se termina de encontrar a gusto, por lo que cuestiona una y otra vez al estado y a su estructura, además de consentir y disculpar al nacionalista periférico (si se me permite la expresión), cuyas propuestas suele ser proclive a escuchar.

Hoy, el PSOE, se encuentra en una encrucijada y debe situarse al respecto. ¿Acepta al estado o plantea su superación al menos tal y como está concebido a día de hoy? ¿Tiene un proyecto de país o tiene 17? Durante décadas pudo coquetear con una posición y la otra, simpatizar con los nacionalistas en un sitio y ser declaradamente estatalista en otro, pero el crecimiento de opciones a su izquierda, le obliga hoy a posicionarse. A ser él mismo. Sin ambages. De la misma manera que nos preocupa su fraccionamiento, un peligro que no descartamos, hemos de sostener, le pese a quien le pese, que tuvo ocasiones en el pasado para hacer reformas, no en vano es el partido que más años ha gobernado tras la muerte del dictador, y las desaprovechó.

En la misma línea, mucho de lo que está pasando en la democracia española en los últimos años tiene que ver con el inmovilismo al que se abonó la partitocracia que, como en una especie de compartimento estanco, encantada de conocerse, se aisló cada vez más y más de la sociedad para dar una “patada hacia delante” a los grandes problemas que se le iban planteando y que, como resulta evidente, han acabado por empezar a pudrirse. Desgraciadamente la “nueva política”, que venía a repararlos, tan pronto como pudo, más que corregir los modelos que se encontró, los reprodujo en cuanto tuvo ocasión.

Un último aspecto llama la atención: Es la lluvia de adhesiones que recibe Pedro Sánchez por parte de quienes le impidieron la investidura tras las elecciones de Diciembre. ¿Será que ya se estaba gestando alguna clase de acuerdo para conformar un gobierno “alternativo” de la mano de PODEMOS y los nacionalistas vascos y catalanes? ¿Será esta la pieza del rompecabezas que nos falta?

http://www.lavanguardia.com/politica/20160929/41662077938/psoe-castilla-la-mancha-pedro-sanchez-plan-oculto-pactar-independentistas.html

Etiquetas: , ,
Jose Manuel Bielsa