• Today is: Martes, febrero 18, 2020

  dentistas en torremolinos

Van de víctimas.

PP
Jose Manuel Bielsa
marzo31/ 2017

En una interpretación preocupante de la libertad de expresión, la bancada Popular la confunde con la patente de corso y exige a los demás una moderación que es incapaz de aplicarse en su estrategia demagógica de víctima perpetua y sin mayor argumentario que el del pataleo.

Dice el pensador Norman Finkelstein, un tipo apocalíptico cuyas ideas producen cualquier cosa menos placidez, que una de las ventajas de la victimización es que produce considerables dividendos. Por lo pronto, aparta el foco de la supuesta víctima, le inmuniza a la crítica y lo coloca sobre su presunto agresor.

Esta parece ser la última carta a la que ha apostado su labor de oposición el Partido Popular de Benalmádena, abonado a la victimización perpetua desde que un pacto entre cinco formaciones políticas que aglutinaron en torno a dos terceras partes del total del voto escrutado en la localidad, le dejaron sin el caramelo de la alcaldía.

Inhábil para superarlo, como atrapado en un círculo vicioso del que no parece poder salir, como enajenado por la idea fija de la venganza, incapaz de entender la legitimidad democrática del pacto que alumbró al actual equipo de gobierno de Benalmádena, por más que el PP fuera la fuerza más votada (algo que nadie niega), este victimismo al que se ha apuntado la hinchada Popular casi como única estrategia y a falta de nada mejor, es, a pesar de presentar sus disfunciones, una buena estrategia por varias razones: La primera porque, como ya se ha dicho, permite contar con una especie de inmunidad, dado que la supuesta víctima opera siempre en modo “queja”.

Esta virtual víctima proyecta la sensación de estar siempre siendo objeto de una agresión injustificable, lo que le permite culpar al otro de todos sus males, además de que parece autorizarle para toda clase de excesos liberado de cualquier tipo de responsabilidad moral.

Sostienen los psicólogos que este tipo de “víctima” (vale decir el PP de Benalmádena), suele ser alguien que no ha sido capaz de cerrar el círculo de una experiencia traumática, en este caso su pase a la oposición, y que su victimismo, cuando deviene crónico, puede incluso degenerar en una patología de tipo paranoide que suele desencadenar un “victimismo agresivo” tal vez similar al que en ocasiones exhibe la edil Popular Concha Cifrián. Una actitud que se caracteriza por exhibir sin el menor recato actitudes coléricas acompañadas por sentimientos como el resentimiento y la ira de quien ya no se conforma con quejarse sino que, un paso más allá, deforma la realidad, busca culpables continuamente y es incapaz de cualquier clase de autocrítica. Esta víctima nunca tiene culpa de nada. Todos sus males tienen siempre otros responsables.

Como cualquier experto en comunicación política sabe, la retórica victimista es una técnica demagógica que se apoya en proyectar la idea de que el adversario es alguien autoritario y poco empático.

Un extremista cuyos argumentos deben ser desprestigiados a base de sembrar la confusión y de manipular emocionalmente al auditorio aprovechando cualquier resquicio de duda en beneficio propio. Aunque no haya existido una situación real de victimización y el supuesto perjudicado haya podido defenderse, esta singular “víctima” siempre sentirá que no ha podido hacerlo lo suficiente y que el supuesto agravio que ha recibido nunca quedará justamente reparado, por lo que suele andar siempre reclamando “justicia”, aún habiendo interiorizado a priori, cínicamente, que la que obtendrá, sea la que sea, no será suficiente.

Visto el pleno de ayer, quizá no carezca de interés señalar que los psicólogos sostienen que cuando uno se encuentra con esta clase de personas, lo mejor que se puede hacer para ayudarlas a superarlo es decirles que no tenemos tiempo para escuchar sus lamentaciones.

Explicarles que si quieren ayuda o una solución, con gusto les ayudaremos, pero que no estamos dispuestos a perder tiempo y energía con sus dislates, sus salidas de tono y sus manipulaciones. De lo que se deduce que, por muy triste que sea, a pesar de que estamos totalmente seguros de que no hubo ninguna intención terapéutica, quizá acertó el alcalde cerrando el pleno del modo en que lo hizo, además de que nos ahorró el bochorno de circo al que buena parte de los ediles Populares (salvo honrosísimas excepciones) parecen últimamente haberse aficionado.

Pero incluso desde el punto de vista del vocabulario, el pleno de ayer resulta esclarecedor, porque, a pesar de presentarse como una presunta víctima cuya libertad de expresión se vió cercenada, las palabras más gruesas que se escucharon ayer (mediocre, mentiroso/a, inepto, etc) las profirieron los ediles Populares que, por chocante que parezca, en nota de prensa emitida ayer denunciaban la actitud “dictatorial e inquisidora” del alcalde y sus “malas formas” en un episodio más del ya clásico ejercicio que consiste en ver siempre la paja en el ojo ajeno y nunca la viga en el propio, además de confundir gravemente la libertad de expresión con la patente de corso.

Etiquetas: ,
Jose Manuel Bielsa