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Que pase el siguiente: El PP de Benalmádena implanta la portavocía por turnos

PPros
Jose Manuel Bielsa
mayo26/ 2017

La franquicia local de PODEMOS denuncia una estrategia que a su juicio adultera la figura del portavoz al intentar eludir la Ley de Incompatibilidades que afecta a los cargos públicos.

Costa del Sol Si Puede (CSSP), la franquicia de PODEMOS en Benalmádena, denunció ayer, mediante nota de prensa, el nuevo cambio de portavoz del grupo Popular en el Ayuntamiento de Benalmádena. Un cambio que desde la formación morada se interpreta como un “mercadeo con la dedicación exclusiva que va rotando desde hace dos años y que ha pasado ya por tres portavocías”.

La interpretación que desde el partido liderado por Iglesias se hace de esta singular manera de hacer, va en una línea que plantea “un uso irresponsable e interesado de la figura del portavoz en dicho partido” y viene a ser, siempre según CSSP, “una clara muestra de la utilización de las instituciones en beneficio propio”.

Para CSSP, esta estrategia respondería a la necesidad de que algunos concejales del PP que “ostentan cargos altamente remunerados en otras administraciones, como García Gálvez en la Mancomunidad de Municipios de la Costa del Sol Occidental o Víctor González en la Diputación eludan la Ley de Incompatibilidades a la que están sujetos los cargos públicos”.

Sin embargo, a esta lectura, que no carece de fundamento, cabría añadir algunas más, como que el PP benalmadense apuesta por distribuir periódicamente entre sus ediles los alrededor de 28.000 euros al año brutos al año que cobra quien ostenta la portavocía del partido en el Ayuntamiento.  Resulta curioso que no hayan emitido nota de prensa al respecto, siendo éste un asunto central en lo que afecta a su labor de oposición.

Sea como fuere, la nueva portavocía tiene toda la pinta de que, tras Concha Cifrián y Yolanda Peña (o Víctor González, ya no se aclara uno) seguirá rotando y recaerá sobre otro concejal quizá el año que viene, cuando Ana Macías, una vez haya tenido acceso a las retribuciones por turno pactadas por el grupo Popular, abandone el cargo y sea sustituida por otro de sus compañeros que sólo haya venido cobrando por asistencia al pleno unos nada despreciables 900 Euros  (en unos casos más y en otros menos) que, a lo que parece, no hacen felices a nuestros glamourosos ediles conservadores.

Vaya por delante que, estando contemplado un congreso local del PP de Benalmádena en fecha próxima, y a expensas de lo que en él suceda, esta es solo una hipótesis que es pertinente barajar visto lo visto. Los hechos nos darán la razón. (O no).

Lo que no es una hipótesis es que, en cualquier partido político normal, el cambio de una portavocía tres veces en dos años remitiría, con toda seguridad, a la sospecha de que en el seno de esta formación ha estallado una crisis interna.

El problema es que el PP es cualquier cosa menos un partido político normal, razón por la que este tipo de lecturas no caben, independientemente de que los Populares benalmadenses estén bien divididos, como revelan varios mensajes de Wassap a los que este redactor ha tenido acceso y que fueron remitidos por un edil Popular en ejercicio a otro hace no mucho tiempo.

Más allá, este ejercicio crematístico de reparto de las retribuciones de la portavocía del grupo municipal, por lo demás totalmente legal, quede meridianamente claro, este reparto de cromos hoy por ti mañana por mí, revela una concepción de la política que habla por si sola de lo en serio que se toma la función pública quien así obra.

Hablemos claro para que todo el mundo lo entienda: Al PP de Benalmádena, en materia de portavocías, le da lo mismo ocho que ochenta.

 

Eso, salvo que la elección de Ana Macías como nueva vocera responda a un giro doctrinario en la formación política lo suficientemente profundo como para que, encarnado en su figura, la coloque en esa posición de interlocutor privilegiado que debe tener siempre un portavoz a la hora de gestionar aquello de la comunicación.

Sin embargo, no es el caso. En el PP todo el mundo piensa igual, como se ha constatado en el reciente congreso provincial en el que Bendodo ha salido reelegido presidente del partido en Málaga con una mayoría que deja a las búlgaras del arquetipo en pañales. Se trata simplemente de pasar por caja cuando a uno le llega el turno. Del dichoso reparto de caramelos.

El PP continúa pues en su ejercicio de desnaturalización de la actividad política, ahora, desvirtuando la figura del portavoz, que queda degradada al nivel de la de una especie de correturnos con el efecto que ello podría tener sobre su credibilidad (la que le pueda quedar) si este fuera un país normal.

Y conste que parece comprensible la portavocía por turnos en un Grupo Mixto de la Cámara Baja, por poner un ejemplo, pero lo de implantar la portavocía rotativa en el seno de un partido político, chirría, salvo que el PP local no persiga otra cosa que todos sus ediles puedan tener los quince minutos aquellos de fama que Andy Warhol nos vaticinó a los peatones de la postmodernidad. Nunca se sabe.

Todo ello, sin entrar a valorar ni de pasada si la señora Macías da el perfil idóneo exigible a un portavoz en materia de habilidades comunicativas, capacidad para empatizar con los públicos destinatarios, habilidad para articular un discurso eficaz, destreza para captar y mantener la atención de las audiencias o perspicacia para poner el acento en lo esencial del mensaje.  Casualmente, quizá por eso, no ejercerá como tal en este chocolate del loro en que se ha convertido lo de las portavocías Populares.

En fin. Nadie en su sano juicio podría descartar que el Partido Popular gane las próximas elecciones municipales en Benalmádena pero, parafraseando a su presidenta, Paloma García Gálvez, tampoco parece un desatino pensar que, si lo hace, será muy a pesar suyo.

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Jose Manuel Bielsa