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Mil árboles para el bosque de la vida

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admin
marzo08/ 2019

Voluntarios y padres repoblan el entorno del Guadalhorce y colocan los nombres de los niños fallecidos por cáncer. El malagueño Gonzalo Zamora impulsa esta iniciativa, con el apoyo de la Fundación Andrés Olivares.

 

Lili Maldonado perdió a su hijo cuando solo tenía 7 años.Era un pequeño muy alegre y cariñoso”, recuerda su madre que cuenta que el cuatro de septiembre de dos mil once un cáncer de hígado con metástasis en el pulmón se lo llevó tras un par de años de lucha contra la enfermedad. Ahora, al lado de otros pequeños, el nombre del pequeño José Carlos es parte del bautizado como Bosque de la Vida, ese que un conjunto voluntarios de la Fundación Andrés Olivares, con la cooperación de muchos progenitores, crean en el entrecierro del río Guadalhorce. “Es como tenerlos vivos y los haremos medrar muy alto”, asevera Lili sobre una iniciativa que resume como “preciosa”.

El autor de esta idea es Gonzalo Zamora, un voluntario malagueño que desde hace unos años se ha implicado en decenas y decenas de causas solidarias. Conforme cuenta, el proyecto del Bosque de la Vida consiste en plantar árboles y poner al lado de cada uno de ellos de ellos una placa de madera con el nombre de un pequeño fallecido por cáncer.

La meta es llegar a los mil ejemplares, de los que hasta el momento se han sembrado cincuenta en apenas un mes, en su mayor parte encinas. Para lograrlo cuenta con el apoyo económico de la Fundación Andrés Olivares, entidad no lucrativo que no vaciló atender la iniciativa cuando que Zamora se la propuso. Todos y cada uno de los progenitores que deseen tener un árbol con el nombre de su hijo pueden dirigirse a esta entidad, que se ocupará de preparar el cartel adaptado.

Asimismo el pequeño Dani tiene su árbol en este bosque. A él le fue diagnosticado un cáncer con diez años. “Era un sarcoma de Ewing, uno de los tumores de huesos más violentos que hay. Murió con doce años. Hace un año que se fue”, cuenta Miguel Ángel Martín. “Siempre afirmamos que están con nosotros, mas esta es una forma de tener algo físico, un recuerdo”, mantiene.
Zamora destaca que no lo hace “por acrecentar el ego”, sino más bien por lanzar un mensaje que va en un doble sentido. Por una parte, se busca sensibilizar en torno al cuidado del medioambiente y, por otro, poner el foco en el drama del cáncer infantil y, sobre todo, servir de linimento a los progenitores que han pasado por el trance de perder a un hijo a raíz de esta enfermedad. Para esto, en torno a esta iniciativa, cada domingo se reúnen para visitar la zona, regar y cuidar los árboles plantados.

Cada uno tiene su árbol, mas allá todos y cada uno de los cuidamos a todos”, asegura Miguel Ángel. Realmente, agrega Lili, asimismo les sirve de “excusa” para verse. “Somos como una familia, nos entendemos de manera perfecta, en ocasiones nos mejor que nuestra familia y nos cargamos las pilas entre nosotros”, resalta.

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