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¿Conoces la historia de la iglesia de la Inmaculada de Arroyo de la Miel?

iglesia
Jose Manuel Bielsa
diciembre02/ 2017

El templo, que fue promovido por la alta burguesía malagueña, cumplirá 155 años el próximo 24 de Septiembre de 2018.

La ruina de los emprendimientos económicos de Felix Solesio, el industrial ilustrado al que debemos en gran medida el origen de lo que es hoy Arroyo de la Miel, tuvo sin embargo un lado positivo, y es que consiguió que se constituyera una población estable en esta parte de la localidad.

Así, sobre 1.850, tanto Benalmádena como Arroyo de la Miel, quizá todavía con algún molino papelero y algún batán que hubiera escapado de la calamidad económica, mantenían activas un total de seis minas de hierro y se cultivaba en abundancia la batata. Estos factores, unidos a numerosos manantiales en el término municipal, hicieron que los terrenos de Arroyo de la Miel que otros con anterioridad no habían querido, fueran codiciados pronto por inversores que deseaban adquirir parcelas para cultivar la vid, producto que fue estrella en toda Málaga hasta que la epidemia de la filoxera lo despachó a mejor vida ya hacia el último cuarto del siglo XIX.

En esas circunstancias de cierto atractivo para el inversor (que diríamos hoy día) la familia Ruiz Pastor fundó una colonia que atrajo a numerosos jóvenes que se afincaron en Arroyo de la Miel y acabaron por casarse con muchachas del lugar provocando un notable incremento de la población.

Ante semejante “explosión demográfica”, sobre todo a partir de 1.860, las piadosas familias terratenientes de la zona se percataron de Arroyo carecía de una iglesia y preocupados porque la de Benalmádena Pueblo quedaba “a más de media legua”, el 27 de Junio de 1.861, se acabó por aprobar el proyecto para la construcción de una capilla en lo que hoy es la parroquia de la Virgen de la Inmaculada de Arroyo de la Miel (La Purísima, en los papeles de la época).

Así, lo que es hoy la iglesia de Arroyo se fue a edificar en una parcela de media fanega de tierra de regadío perteneciente a una hacienda que se llamaba “Las Pedrizas” y que la familia Parladé-Heredia-Livermore le compró a un tal Fernando Rumbado Morales. Terrenos que fueron pertinentemente bendecidos antes de iniciarse las obras, y cuya primera piedra colocó Diego José Millán acompañado del que era entonces párroco de la malagueña iglesia de Los Mártires, José Villaldes.

Cabe señalar que el coste de las obras, según recoge la especialista Eva María Ramos Prendo, ascendió en aquel momento a unos 15.000 reales de vellón, moneda que ordenara acuñar años antes el mismísimo José Bonaparte (que quedó para el acervo cultural español con el sambenito de “Pepe Botella”, a pesar de que no bebía) y que hoy, por aquello del coste de la vida, esa cantidad no llegaría a ser ni 22 Euros. Lo que han cambiado las cosas.

Así, concluidas aquellas obras piadosas unos dos años después, el 24 de Septiembre de 1.863, la familia Parladé-Heredia-Livermore, que se negó a ceder al obispado malagueño la propiedad de los terrenos sobre los que se había edificado el templo, aportó los objetos de culto, lo que unido a una ayuda de la curia a la nueva iglesia hizo viables desde entonces, y ya hasta hoy, los oficios religiosos.

Tuvo pues la parroquia de Arroyo de la Miel en el día de su inauguración por todo lo alto aquel tercer día de otoño de 1.863, dos paños de altar, un cáliz, un misal, un atril, un incensario, dos candelabros, una campanilla, un crucifijo, una cruz parroquial con vara de bronce, un cepillo, cuatro bancos, un confesionario, imágenes de la Virgen, de San Pedro y de San Pablo, una pila bautismal con su balaustre y tapadera, un tabernáculo, un sagrario, un espejo, una cajonera para la sacristía y ni se sabe cuánto más “instrumental” litúrgico, por el módico precio de unos 13.500 reales. Eso sí, el mantenimiento del templo correría de la cuenta de los feligreses desde aquel mismo momento.

Por lo que respecta a la capilla, según fotografías de principios del siglo XX, no era mucho más que un pequeño templo encalado y con cubierta a dos aguas que presentaba un campanario adosado en espadaña, por aquello de alejar la sombra de cualquier ostentación.

Construcción acorde con el resto de los inmuebles de la villa, a lo largo del siglo XX fue objeto de al menos dos restauraciones y reformas (a decir de los expertos de estilo neopopular) y alguna ampliación. Tras la última, vino a quedar tal y como hoy la conocemos.

Jose Manuel Bielsa