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A Benalmádena le sienta bien que el PP pase una temporada en la oposición (Y al propio PP, también)

PP
Jose Manuel Bielsa
mayo30/ 2017

A los Populares sólo les molestan los tránfugas si no son los del Tamayazo y sólo le disgustan los pactos de gobierno si no le dan alcaldías.

Ya puestos a interpretar qué le viene bien a Benalmádena, cosa que hace la ex alcaldesa desde las páginas de un medio de comunicación local, nosotros, que no somos menos, también hemos decidido meternos a exégetas del municipio.

Así, aprovechando que, como nos advierten algunos, no nos quedan amigos y nos espera lo peor, les diremos ante tan edificante perspectiva y con el mismo derecho que asiste a otros glosadores de la realidad benalmadense, que a Benalmádena lo que le viene bien es que el PP esté en la oposición y que incluso es posible que le siente bien al propio Partido Popular, que anda tan fuera de onda, que en su perfil de Twitter, el pasado 16 de mayo anunciaba una propiedad inmobiliaria en Alhaurín, tal y como se puede ver en la imagen que acompaña a este artículo. Todo en orden.

Lo que pasa es que el Partido Popular, que se dedica a cosas tan relacionadas con la política como publicitar propiedades inmobiliarias, no lo entiende. Y no lo hace por varias razones, además de por que no quiere, sobre todo, por que cree que el poder y, por ende este país, son de su propiedad.

Este detalle es comprensible si se observa cómo la izquierda (que debería hacer examen de conciencia) le ha regalado tradicionalmente la idea de nación a la derecha, pero también si se echa un vistazo a una historia, la nuestra, que pone sobre la mesa la evidencia de que el conservadurismo más cerril ha sido, de hecho, dueño de este país durante demasiadas décadas, razón por la que, de vez en cuando, se echa melancólicamente al monte a reivindicar lo suyo.

Una de las derivadas de ese registro patrimonialista del estado y de la democracia que hace el Partido Popular, es que interpreta que las reglas del juego sólo valen si él sale beneficiado. En consecuencia, en una interpretación que no es exclusivamente suya, todo hay que decirlo, rechaza las que le perjudican.

En esa línea, al PP sólo le molestan los tránsfugas si no son los del Tamayazo en la Asamblea de Madrid en 2003, si no son Paco Salido o Mari Carmen Romero cambiando de chaqueta.

En definitiva, si no le dan alcaldías, como la de Chiclana en 2008 o la de Benalmádena dos veces en la última década, o la de Sanxenxo, en Pontevedra, hace apenas quince días.

Y eso, con toda la carga de ironía que tiene el hecho de que fue el mismísimo Mariano Rajoy, siendo ministro del gobierno de José María Aznar, el que firmó el pacto antitransfuguismo allá por 1998.

Un pacto que, a pesar de sostener textualmente que se creaba para “impedir la utilización de tránsfugas para constituir, mantener o cambiar las mayorías de Gobierno de las instituciones públicas y a no apoyar ninguna iniciativa que provenga de los mismos” (Sic) casi veinte años después es papel mojado.

Ojo. Y que conste que no lo decimos nosotros, lo dice un alcalde del Partido Popular. En este caso Jaime Ramos, primer edil de Talavera de la Reina (Toledo) que decía hace sólo unos días que el pacto antitransfuguismo estaba “muerto” desde 2010.  Eso sí, lo dijo tras acceder a la alcaldía merced a la abstención de dos concejales expulsados de C´s. Aquí, el enlace.

Ni que decir tiene que no nos cabe la menor duda de que en un ejercicio de coherencia intelectual prodigioso, si estos ediles hubieran hecho alcalde a un socialista, el señor Ramos estaría exigiendo furibundo la aplicación del acuerdo cuya defunción certifica con esa perspectiva celestial que debe dar tener una vara de alcalde en las manos.

Recapitulemos ante tanta obviedad: ¿Cuántos discursos tiene el PP respecto al transfuguismo? ¿Uno en cada pueblo? Aquí, desde luego, jamás se vió al Partido Popular de Benalmádena exigiendo la aplicación del pacto antitransfuguismo cuando los ediles de UCB giraron a la derecha para darle la alcaldía.

 Pero la cuestión es tan absolutamente cínica, que hasta Bendodo se asomó en su día al balcón consistorial para celebrar el entierro del Pacto Antitransfuguismo en Benalmádena, aunque ahora parece que para el PP benalmadense no estaba muerto, estaba de parranda.

En consecuencia, se puede decir que al PP sólo le molestan los pactos de gobierno bipartitos, tripartitos, cuatripartitos, pentapartitos, etc, si no le sirven para acceder a alcaldías, aunque secretamente le encantan si le permiten tocar poder.

De hecho, en Castilla-La Mancha, por ejemplo, fue el partido que más pactó para conseguir alcaldías en la anterior legislatura. Lo pueden consultar aquí.

Bueno. Vale. De acuerdo. Es normal que el PP adore los pactos cuando le benefician y es normal que los odie cuando le perjudican, pero su legitimidad no va en función de lo bien o lo mal que le vengan. Hablemos claro y dejémonos de demagogias de una vez: El pacto es valido siempre que no haya una fuerza en condiciones de generar una mayoría suficiente. Por eso, llama poderosamente la atención esa frase reiterada una y otra vez en labios de la ex alcaldesa Paloma García Gálvez y de su equipo cuando hablan de “pacto de perdedores”.

Por que a día de hoy, (y a ver si alguien se entera y lo analiza) en la corporación municipal de Benalmádena, no hay nadie más perdedor que el PP y su lideresa a la cabeza. Y eso es así, por la sencilla razón de que liderando la lista más votada, tras ganar las municipales con meridiana claridad, no fue capaz de gobernar.

Le guste o no, no supo o no pudo generar en torno a su proyecto la unanimidad suficiente. Recordemos que Elías Bendodo se cargó (políticamente hablando) a Enrique Moya por mucho menos, mientras ella, incapaz de mirarse al espejo, se enroca en un discurso victimista que, a estas alturas de la legislatura, ya produce cierto empacho: En fin. Supérelo o deje paso al siguiente.

Jose Manuel Bielsa
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