• Today is: Martes, agosto 22, 2017

   alquiler de apartamentos para vacaciones

El mojón

el-mojon
Jose Manuel Bielsa
julio08/ 2017

El punto kilómetrico 222 de la A-7 a su paso por Benalmádena podría muy bien convertirse en el lugar de la red viaria de nuestro país en el que más jerifaltes se han hecho una foto.

En el antiguo Egipto se erigían obeliscos, en la Irlanda protocelta de la remota Edad del Bronce, estelas de piedra talladas, formidables conjuntos megalíticos, como el de Stonehenge o el del Dolmen de Antequera, mucho más cerca. En Benalmádena, ni una cosa ni otra. En Benalmádena, más modesta y sin pretensiones, se erigen mojones.

Y eso es lo que vino ayer a inaugurar el ministro guaperas del PP, Iñigo de la Serna, un mojón, que es todo lo que ha conseguido Benalmádena desde que empezara a reclamar una mejora de los accesos a Arroyo de la Miel en el punto kilómétrico 222 de la A-7 desde que en Marzo de 2011 el Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, entonces en la oposición, se bajara de su coche para hacerse la foto a la velocidad supersónica de un suspiro junto con Celia Villalobos, Javier Arenas, Enrique Moya y Elías Bendodo.

Seis años. Seis. Como seis vitorinos, llevamos la gente de Benalmádena viendo a nuestros servidores públicos de uno y otro color político, en peregrinación a este enclave magnético del punto kilométrico 222, que debe tener una mística tipo Fontana de Trevi, para formular el deseo, la promesa, de un desvío por carretera. Qué mejor razón habrá que ésta para que, con buen tino, haya decidido el ministerio señalar el emplazamiento de este lugar fantástico en el que los políticos dejan a un lado sus apretadas agendas y vienen, por un instante, a mirar al infinito y soñar, con el alma puestecita en Dios, con una infraestructura.

Bien está, pues, que se marque esta encrucijada ya de culto, capaz de tan telúrico e insondable poder, con un mojón de piedra. Elemento que, como se ha dicho, el hombre desde la más remota antigüedad empleó para señalar sus lugares sacrales y de poder, razón que explica los codazos de los políticos por salir en la foto de anteayer. El asunto no es menor. Piénsese que con un piedrolo señalando un enterramiento empezó allá por el 44 D.C. hace casi 2.000 años, lo que hoy es la catedral de Santiago de Compostela.

Con todo, es de agradecer que esta vez, en lugar de hacer acto de presencia y ya está, se haya decidido el ministro a dar un paso más y señalar el lugar sagrado que hollaron sus pies. Esta vez, para que no olvidemos, deja un recuerdo tangible que da la medida de la altura de su espíritu. La historia, es lo que tiene: Que se escribe en piedra.

Misterioso influjo el que tiene este mojón de Benalmádena sobre los políticos en ejercicio. Este kilómetro 222, el dígito repetido tres veces, al que la numerología atribuye la potencia de una revelación y que, en consecuencia, lo relaciona con los ángeles, lo que da la medida de que nos encontramos ante una encrucijada milagrosa capaz de congregar en buena armonía a políticos de todo pelaje en el que, visto su extraordinario poder, no descartaría yo que pronto se empiecen a producir desde apariciones marianas hasta reuniones de druidas. Todo se andará.

Bien está, no nos cansaremos de insistir, lo de señalar este enclave singularísimo erigiendo un mojón blanquiazul, del color de la espuma y de la mar. Milladoiro andaluz del color del partido de la gaviota que al final resultó ser un charrán. Obelisco recordatorio, medroso y tímido, que viene a conmemorar, al fin y al cabo, la hermandad de los políticos a la caza del voto, a pesar de que algunos, interesadamente, lo han querido confundir con el anuncio del punto de partida de unas obras públicas que, como diría Tirso de Molina por boca del burlador de Sevilla, largo nos fían. Cuatro años decían unos. 51 meses, proclamaban otros. Vamos, que nos ponemos en el 2021.

Parturient montes, nascetur ridiculus mus ”, que decía el poeta latino Horacio.

Jose Manuel Bielsa