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El paraíso no existe

findel
Jose Manuel Bielsa
abril27/ 2017

Nuestro amigo y colaborador Martín Pardo, reflexiona sobre el impacto de la desaparición del ser humano en relación con las centrales nucleares y plantea un escenario plenamente post-apocalíptico.

Siempre hemos pensado que si por alguna circunstancia el ser humano desapareciera de la Tierra, ésta se transformaría en un paraíso para los animales y las plantas, sería un vergel donde abundaran todo tipo de especies tanto animales como vegetales, sin el incordio del hombre, la especie predadora y destructora del medio ambiente. La realidad es, sin embargo, otra mucho más macabra y desalentadora.

Al desaparecer todo vestigio humano, al desaparecer nosotros, en ese hipotético caso, tendríamos que pensar en el síndrome del “Botón del hombre muerto”, un sistema de alerta que va instalado en algunos medios de transporte y equipamientos que consiste en que si no hay una persona que de vez en cuando apriete un botón o algo similar para que el trasporte siga funcionando, acciona su apagado automáticamente entendiendo que el conductor o el responsable está “muerto”.

En el caso comentado anteriormente, la falta de interacción con seres humanos podría desencadenar la falta de mantenimiento de las centrales eléctricas, por ejemplo, que  acabarían por colapsarse y dejar de producir electricidad. Esta circunstancia, podría trasladarse al mantenimiento de las centrales nucleares que ante tal eventualidad acarrearían la fisión del material radiactivo al carecer de mantenimiento y control. Un material radiactivo altamente contaminante que, previsiblemente, acabaría explotando.

Si multiplicamos esta circunstancia por las miles de centrales nucleares en el planeta, es fácil adivinar el resto: Dejaríamos un planeta envenenado por miles de años sin posibilidad de supervivencia para ninguna especie, o bien lo poco que se salvara quedaría envenenado de por vida.

Esta situación ficticia no queda demasiado lejos de lo que podría ocurrir realmente. Los últimos datos sobre Fukushima son muy desalentadores y si a esto añadimos que Chernóbil sigue siendo un lugar maldito del que casi nadie quiere hablar, podríamos ver cómo lo que es un Paraiso en nuestro sistema solar, podría convertirse en una inmensa tumba.

AUTOR: Martín Pardo Velasco

Jose Manuel Bielsa